Ni chicha ni limonada
Hay quienes se creen “lo último en marcas” porque no eligen: los indecisos y los del voto en blanco; cofradía de almas tibias que miran las campañas como quien visita un supermercado sin hambre, observa las estanterías, lee las etiquetas, compara precios y al final no compra nada.
El indeciso es un exigente sin tarea ni causa, reclama candidatos impolutos, debates sin contradicción, programas escritos por ángeles y biografías sin mancha y, como nada alcanza su pauta, decide que lo más responsable es no hacer nada, o acercarse al sol que más alumbra; confunde la prudencia con parálisis, el análisis con recurso, la duda razonable con una coartada; quiere que la democracia se adapte a su ánimo personal, mientras el país se juega el futuro y él, ahí, elucubrando dudas, esperando que aparezca un candidato a su medida, sin defectos y sin historia.
El voto en blanco es la joya del escapismo vendido como protesta, pero no pasa de ser un “no me pidan deberes, gracias”, como un gesto vacío, una indignación sin destinatario y una queja sin propuesta que sirve para posar de una conciencia sin ensuciarse las manos, para decir “yo lo advertí”, después de que otros asumieron la carga de escoger, convirtiendo la frustración en un gesto estéril.
Lo irónico es que ambos grupos se sienten superiores, los únicos lúcidos en un país de fanáticos, los últimos guardianes de la pureza, cuando decidir casi nunca es escoger entre santos y demonios sino entre opciones imperfectas, riesgos medibles y consecuencias reales; pero la democracia no premia la pereza sino la participación y, la neutralidad, por más adornada que sea, toma partido; la indecisión inclina la balanza y el voto en blanco puede tener efectos desastrosos; la tibieza disfrazada de sensatez termina siendo cómplice del resultado que luego desprecia.
No elegir no es una postura elevada, es renunciar con pretensiones; es la comodidad de quien quiere opinar sin asumir costos, criticar sin arriesgar, observar sin involucrarse y lavarse las manos mientras otros cargan el balde. Nadie exige entusiasmo ni obediencia de rebaño, pero sí responsabilidad frente al momento, escoger, argumentar, equivocarse, si es del caso, y responder por ello. En un país que necesita decisiones urgentes, los que se quedan en la mitad no son ni chicha ni limonada; son el ingrediente insípido que termina definiendo el sabor del plato.
Y si hacía falta una prueba más, la decisión de suspender ilegalmente al presidente, y prohibirle a De la Espriella el uso de palabra “patria” y “la camiseta de la Selección Colombia”, es una torpeza autoritaria que no solo empobrece el debate, desnuda el miedo de quienes creen que el poder se defiende silenciando símbolos, voces y discrepancias.
¡Vamos todos con El Tigre!
Rincón de Dios
“Ojalá fueras frío o caliente, pero por cuando eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” Apocalipsis 3,15-16
No hay comentarios:
Publicar un comentario