Oremos por la patria
En tiempos de crisis se revelan el miedo y las esperanzas. La patria nunca fue indiferente a lo sagrado, ahora aparece la Virgen de Fátima como símbolo de unidad en medio del caos. La consagración que el Dr. José Manuel Restrepo hizo de Colombia a la Virgen de Fatima no fue solo un acto religioso; fue un mensaje y, para muchos, el recordatorio de que necesitamos algo más que diagnósticos, necesitamos alma.
Orar por la patria no es ingenuo, es firmeza. Donde el socialismo del siglo XXI dejó cicatrices visibles, como en Venezuela que es el espejo que no queremos mirar, la oración es un mensaje también político, no porque sustituya las instituciones, sino por humanizarlas y, nos recuerda, que el país no se sostiene solo con cifras sino con convicciones.
La Virgen de Fátima, con su mensaje de conversión, sacrificio y reparación, encarna lo que se ha olvidado, la moral y la ética. Cuando los discursos se llenan de promesas vacías y el gobierno se pierde improvisando, la idea de consagrar la patria a la Virgen introduce un elemento que puede parecer incómodo porque la obligación del gobierno no se basa solo en rendirnos cuentas, también rendírsela a la conciencia.
Muchos criticarán estos gestos; pero del otro lado el populismo promete lo imposible y manipula la fe; cuando orar es reconocer lo frágil; consagrar es asumirlo públicamente y, en un país donde la corrupción se volvió paisaje y la violencia estadística, deberíamos recordar que la política también tiene un deber espiritual, proteger la dignidad humana.
La consagración del Dr. José Manuel Restrepo tocó una fibra que la clase dirigente había dejado oxidar, no fue un acto para ganar votos, sino para recuperar lo que la izquierda radical desprecia y que la derecha tradicional había olvidado, lo trascendente, la patria no es solo un territorio, es un proyecto moral.
Orar por la patria hoy es un acto de lucidez, la oración no sustituye la acción, la orienta, porque un país que ora reconoce que puede perderse y nuestra patria con su historia de heridas abiertas no puede darse el lujo de caminar sin brújula.
La Virgen de Fátima no es un talismán, es un recordatorio de que la libertad se cuida, de que la patria se defiende, de que la fe lejos de ser un adorno es un ancla cuando todo lo demás se tambalea.
Orar por Colombia no es un gesto del pasado, hoy es urgente, es un acto de futuro y un pedido firme a nuestros compatriotas para que demuestren en las urnas el país que quieren para sus hijos y nietos.
¡Solo queda una opción para salvar a la patria, ponerle la otra raya a El Tigre!
El Rincón de Dios
“Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él escogió como heredad para sí.” Salmo 33:12
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