viernes, 28 de agosto de 2026

Crónica 1060

Cuando tembló, la patria respondió 

El nuevo gobierno recibió un país descuadernado: el déficit del 7,8% y el endeudamiento mayores de nuestra historia y, como si fuera poco, un dólar fortalecido por este déficit, el ingreso de divisas provenientes del endeudamiento, la coca, la minería ilegal y las altas tasas de interés que termina restándole competitividad a muchas de nuestras exportaciones.

Apenas dos días después de la posesión presidencial, ocurrió lo impensable, el terremoto más fuerte del siglo, golpe sísmico que no distinguió regiones ni estratos, un desastre con daños estimados en al menos treinta billones de pesos. 

Pero ahí no paró la cosa: grandes incendios forestales afectaron varios departamentos, muchos de ellos provocados por grupos terroristas con el propósito de desestabilizar el gobierno, como lo anunciaron organismos de inteligencia locales y extranjeros. El gobierno no se quedó quieto: anunció que presentará al Congreso un estatuto antiterrorista que incluye la posibilidad de encarcelar a los narcoterroristas en barcos en altamar.

Con el terremoto emergió algo más profundo: un gobierno comprometido y la solidaridad inmediata y espontánea de los compatriotas de bien, no de grupos políticos, de millones de ciudadanos que, ante la tragedia, eligieron actuar con generosidad y un sentido que parecía dormido.

Las primeras horas después del terremoto fueron retrato fiel de lo que somos cuando dejamos de lado nuestras diferencias: familias que abrieron sus puertas a desconocidos, jóvenes que se organizaron para llevar agua, medicinas y alimentos, grupos de rescate de las víctimas, empresas que movilizaron recursos sin esperar protocolos, instituciones que respondieron con profesionalismo y humanidad. En medio del dolor, la patria recordó que sabe unirse cuando la vida lo exige.

Ese gesto colectivo no borró la crisis fiscal, ni la deuda, ni la complejidad política que enfrenta el país; pero reveló una verdad: la nación conserva una reserva moral capaz de sostener la reconstrucción que viene y que no depende solo del gobierno sino de la cultura que nos ha permitido superar guerras, pandemias, desastres y hasta gobiernos obscuros.

El nuevo gobierno, enfrentado a una tragedia sin precedentes, recibió también una oportunidad inesperada: gobernar un país que dejó de pelear, que se reconoció como comunidad, que entendió que la reconstrucción no será solo de infraestructura, también de confianza.

La tarea institucional ahora es clara: transformar esta solidaridad en una política de Estado, convertir la empatía en estrategia, la unión en narrativa nacional y convertir el dolor en el punto de partida.

Porque si algo demostró el terremoto es que la patria en crisis, endeudada, dividida, todavía sabe responder y levantarse con grandeza lo que será clave en la reconstrucción moral y material que el país hoy necesita.

El Rincón de Dios

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” Gálatas 6:2

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