Crónica 630

Saber Contar

Es increíble que quien fue ministro de hacienda y dice ser economista no sepa contar. Problema de fondo de este gobierno y del gran jefe que ya no sabemos si es Juan Manuel Santos o el director de orquesta de La Habana, ‘Timochenko’, que, cuando quiere, destituye generales del ejército.

Pregonó Juampa que a la marcha del 2 de abril solo salieron sesenta mil personas, razón tiene, esas eran las que por falta de espacio no pudieron entrar a la Plaza de Bolívar. No se si las contó él o el comandante de la policía, poco importa, los hechos fueron contundentes y esos sesenta mil se convirtieron en cientos de miles si solo miramos algunas de las fotos, obviamente ignoradas por la prensa indigesta de mermelada, pero profusamente publicadas en las redes sociales. 

Me imagino que, como Simón el bobito, tampoco leerá encuestas, la última es contundente: La favorabilidad del presidente apenas llega al 14%, la más baja en la historia de Colombia; el 88% considera que la economía o está estancada o en retroceso; el 73% cree que el país va por mal camino; el 70% califica mal al gabinete ministerial; y, para cerrar con broche de oro, el 65% de los colombianos creen que el proceso de paz está mal planteado.

Con estos hechos a la vista Juampa debería pensar en serio en tres direcciones: gobernar; enderezar el proceso de paz con las Farc y el Eln, y escuchar la oposición. La marcha no fue contra la paz que todos queremos, fue contra el mal gobierno y la capitulación de cuarenta y ocho millones de colombianos a favor de diez mil narcoterroristas.

Una clara definición de lo que acontece la encontré hace algunos meses en este párrafo del padre Rafael de Brigard: “No es fácil encontrar una persona que no quiera vivir en paz. Cierto que hay gente guerrera y que parece tener en la sangre humana derramada la única fuente de su perversa satisfacción. Pero el común de los mortales desea la paz y la busca. Sin embargo, hay que reconocer que con frecuencia la necesidad de la paz lleva a cometer errores garrafales, a hacer unas concesiones que en buen uso de razón jamás se harían y, sobre todo, a creer promesas que a la hora de la verdad no tienen ningún asidero en la realidad. E infortunadamente esta es la situación que se ha dado y se sigue dando en muchos niveles y sectores de la vida colombiana. Cansados de la guerra, los colombianos podemos estar arrodillándonos ante los violentos de cualquier manera.

El mensaje de fondo es: anhelamos la paz, pero sin arrodillarnos de cualquier manera. 

Tenemos inmensa tarea por delante, trabajar porque se levantó el patrón. La marcha pacífica, no somos guerreristas, fue solo la primera etapa, tenemos que ganar las siguientes. Es la responsabilidad que ahora nos cae a quienes de alguna manera pusimos un grano de arena, apoyando, divulgando o marchando. El país se pronunció en la marcha, la opinión se refleja en las encuestas, las redes sociales fueron y serán la contraposición a la mermelada que calla los medios, en ellas tendremos una herramienta decisiva. Vamos para adelante… para atrás ni para coger impulso.

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De corazón lamentamos la muerte de nuestro gran amigo Carlos Upegui Zapata, que el Señor lo tenga en su Gloria.

El Rincón de Dios


“Los alpinistas cantan: en el arte de ascender el triunfo no está en no caer, sino en no permanecer caído.” Francisco

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