¿Democracia o intereses estratégicos?
Estados Unidos insiste en su compromiso con la democracia en América Latina, pero los hechos sugieren una historia distinta: el chavismo continúa en Venezuela, el castrismo conserva el control de Cuba y la dictadura de Daniel Ortega domina Nicaragua.
Venezuela sigue siendo una incógnita. Tras la captura de Maduro y Celia y las presiones diplomáticas, Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello mantienen posiciones de poder. A Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, lo sacan de la lista OFAC, aunque todos fuesen señalados como grandes capos del Cartel de los Soles.
Mientras tanto, millones de venezolanos permanecen desplazados, cientos de presos políticos no han sido liberados y grupos terroristas colombianos continúan refugiándose en Venezuela. La pregunta es inevitable: ¿fracasó la estrategia estadounidense o falta voluntad para propiciar un cambio de régimen?
Amigos venezolanos, bien informados y conectados, confían en una transición política, en elecciones en junio de 2027 y dan razones para explicar el aplazamiento del regreso de María Corina Machado. Pero persiste otro enigma: Washington condena los abusos contra la democracia, pero muchos creen que antepone su interés en los recursos venezolanos.
La guerra con Irán ha elevado la importancia del petróleo para la seguridad energética y la estabilidad de los mercados. A ello se suma el valor creciente de las tierras raras, esenciales para los equipos electrónicos y la transición energética. Esta convergencia refuerza la sospecha de que la defensa de la democracia podría quedar subodinada a las prioridades de Estados Unidos.
El caso de Cuba es más complejo. Seis décadas después de la llegada de los Castro al poder, el sistema permanece intacto. Las sanciones no han producido los resultados esperados y la población sigue atrapada entre severas restricciones económicas y la ausencia de libertades políticas. Aunque parece agotada, la dictadura conserva su estabilidad en manos de un títere que le reporta al “Cangrejo”, nieto de Raúl Castro.
Nicaragua transita un camino parecido. La concentración del poder, la persecución de opositores y de la Iglesia católica, la intención de eliminar las elecciones y el desgaste de las instituciones democráticas han provocado condenas internacionales sin efectos prácticos. Tras bambalinas, Rosario Murillo dirige ese proceso.
Como reza el refrán, “tras de cotudos, con paperas”: a los pueblos sometidos a regímenes autoritarios se suma una política estadounidense que parece anteponer sus intereses estratégicos a la democracia en la región, sobre sus propios principios declarados. Ojalá me equivoque y todavía no comprenda la “paciencia” que pide Marco Rubio ni el optimismo de mis amigos venezolanos.
El Rincón de Dios
“Por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7:16