El club de instituciones inútiles
Existen instituciones creadas para defender la democracia, la justicia y los derechos humanos, pero son incapaces de cumplir los fines que justificaron su existencia; la ONU, la OEA, la Corte Penal Internacional, la JEP y la Comisión de Acusaciones conforman ese club burocrático sin resultados.
La ONU es el ejemplo más visible de la desconexión entre misión y realidad. Fue concebida para prevenir conflictos y proteger a las poblaciones vulnerables, pero hoy se limita a describir las guerras con un lenguaje neutro que parece redactado por el agresor. Su Consejo de Seguridad paraliza decisiones urgentes mediante vetos que las bloquean permitiendo que las crisis se agraven cuando a uno o a varios de sus miembros les conviene.
La OEA reproduce este patrón en el hemisferio. Sus misiones de observación electoral usualmente llegan tarde, sus resoluciones carecen de impacto y sus debates son inútiles. La organización opina sobre todo sin conseguir casi en nada; cuando interviene, lo hace con torpeza; cuando guarda silencio, lo hace en lapsos inadecuados, su presencia acaba siendo protocolaria.
La Corte Penal Internacional representa la promesa de justicia frente a los crímenes atroces, pero su acción es finita. Las investigaciones avanzan lentamente, las órdenes de captura dependen de la voluntad de los Estados y los procesos duran largo tiempo sin efectos. La CPI fue creada contra la impunidad, pero solo logra una justicia tardía o inoportuna.
La JEP fue “diseñada” para administrar la justicia transicional, pero enfrenta un dilema similar, solo defiende a los bandidos. Sus audiencias son extensas, sus decisiones tardías y sus sanciones exiguas. En este circo, la distancia entre progreso y las víctimas nunca llega a una reparación porque nunca protege a quienes esperan verdad y justicia. Ese es su objetivo real.
La Comisión de Acusaciones de la Cámara es el caso más evidente de inoperancia. Su misión es investigar a los altos funcionarios del Estado, pero su historial es una suma de expedientes inconclusos o sin efectos. En vez de ejercer control político, simula hacerlo; la verdad nunca se convierte en responsabilidad como sucedió en los gobiernos de Samper y Petro. Claro, hoy la conforma una mayoría de miembros adictos a la venta de conciencias.
Estas instituciones comparten un mismo talante, la capacidad de sobrevivir sin cumplir su misión. En este club nadie responde por los resultados y todas preservan su estructura aunque no se encuentren respuestas, protección ni confianza.
El Rincón de Dios
“Por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7,16