viernes, 4 de septiembre de 2026

Crónica 1061

La Altillanura con futuro

En 1962 asumimos la dirección de la Subgerencia de Fomento de la Caja Agraria. Cada subgerencia tenía un comité directivo presidido por un miembro de la Junta Directiva y tuve la fortuna de que el nuestro lo encabezara el expresidente Mariano Ospina Pérez.

Firmamos con el BID un plan ganadero para impulsar el desarrollo pecuario de los Llanos Orientales y escogimos como referencia la hacienda La Libertad, propiedad de José Mejía Salazar miembro de la Junta Directiva, quien la ofreció gentilmente aunque no estaba financiado por el BID. Tenía unas treinta mil hectáreas, adelantaba un excelente programa de mejoramiento ganadero, contaba con infraestructura e instalaciones de calidad y disponía de varias pistas que facilitaban la visita a los hatos.

Ese conjunto de condiciones la convertía en un modelo propicio para invitar ganaderos y mostrarles el potencial del plan. Allí nació mi interés por el desarrollo de la Altillanura.

En 1967, Paolo Lugari buscaba tierras para un proyecto innovador que consolidó en 1971, la Fundación Centro Gaviotas. Aunque ya me había retirado de la Caja Agraria pude apoyarlo desde la Junta del Incomex de la que hacía parte en ese entonces.

Gaviotas se convirtió en un laboratorio de innovación para el trópico: creó una comunidad rural autosuficiente, reforestó ocho mil hectáreas de sabana, desarrolló proyectos de energía solar y eólica, diseñó bombas de agua de bajo costo, molinos de viento, arietes de alto rendimiento, produjo el biodiesel para sus necesidades, sistemas de potabilización, e impulsó la producción agrícola y el  manejo sostenible del bosque biodiverso mayo de la región en ese entonces, recuperó la fauna y realizó otros proyectos para una explotación totalmente autónoma y sostenible. 

La experiencia de Gaviotas confirmó que el desarrollo de la Altillanura no podía depender solo del entusiasmo e iniciativas aisladas. Su transformación agropecuaria exige proyectos de gran escala capaces de sostenerse durante muchos años y apoyados en infraestructura, investigación, tecnología y crédito. La propiedad del predio no es mandatorio.

Debe ofrecer seguridad jurídica, facilitar la asociación de otros propietarios y reglas estables para la inversión, algo que hace un tiempo fue satanizado. Los proyectos agroindustriales de envergadura allí requieren cuantiosos recursos iniciales, retornos de largo plazo y la confianza para comprometer capital que integren las comunidades vecinas y  protejan el medio ambiente.

Celebro que el Ministerio de Agricultura haya anunciado el impulso que esta región merece  para garantizar la seguridad alimentaria y estimular la exportación agropecuaria y, por qué no, la de bonos de carbono de proyectos forestales a gran escala.

El Rincón de Dios

“El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.” Eclesiastés 11:4

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