Llamado a reconstruir la patria
La posesión del presidente Abelardo de la Estrella en Cali fue la escena de un país entre la incertidumbre y la esperanza. El buen discurso del presidente del Congreso dejó claro que el nuevo gobierno recibe una nación descuadernada.
Enríquez resume el desafío central del nuevo gobierno, devolverle sentido al Estado en un país donde millones de ciudadanos sentían que la institucionalidad se había retirado de sus vidas, madres que no encuentran medicamentos, campesinos que temen el reclutamiento forzado, comerciantes asfixiados por la extorsión y jóvenes que sueñan con oportunidades que no llegan.
Mencionó que el orden público está deteriorado, la inseguridad es agobiante, la situación fiscal es crítica, la soberanía energética está comprometida y el sistema de salud está desbastado. A ello se suma el avance del narcotráfico y la minería ilegal, fenómenos que destruyen territorios y minan la legitimidad del Estado. Enríquez fue explícito, sin decisiones profundas y liderazgo la patria seguirá atrapada en un ciclo de violencia y estancamiento.
El discurso también ofreció una ruta: invocó a Rafael Núñez para recordar que una nación solo progresa cuando sus fuerzas convergen hacia un propósito común, y citó el ejemplo de España en 1977, cuando adversarios irreconciliables dejaron atrás sus rencores para construir una democracia moderna donde progresaron los acuerdos y las soluciones.
También propuso una agenda legislativa ambiciosa: lucha contra la pobreza, reactivación económica, reforma tributaria, ajuste fiscal, rescate del sistema de salud, recuperación del sector minero y energético y un marco de incentivos para que empresarios emigrados regresen al país e inviertan sin temor, y llamó a reconstruir la diplomacia profesional fortaleciendo la cooperación internacional contra el crimen organizado.
Destacó la urgencia de destruir las 330.000 hectáreas de coca, recuperar el control territorial, desmontar milicias y apoyar sin ambigüedades a la Fuerza Pública, sugiriendo facilitar la desmovilización de quienes quieran abandonar las armas.
El 7 de agosto de 2026 será recordado como el día en que el país decidió reencontrarse con su propósito, servir y facilitar que los ciudadanos construyan bienestar. El nuevo gobierno tiene la legitimidad; ahora y, sin duda, demostrará la grandeza. El Congreso promete acompañar al país que espera resultados, apoyo claro a las iniciativas del gobierno.
El discurso del Presidente fue el programa de gobierno que esperábamos escuchar.
Haberlo pronunciado en el Batallón Pichincha tuvo un valor simbólico, levantó la moral de las Fuerzas Militares que durante cuatro años fueron debilitadas y casi desmanteladas.
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Se fueron los del “Tarimazo” en la Alpujarra por la primera orden presidencial. Se acabó la alcahuetería de los “gestores de paz”.
¡Gracias PRESIDENTE!
El Rincón de Dios
“Hombre, él te ha declarado lo que es bueno; y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar, misericordia y humillarte ante tu Dios” Miqueas 6:8