El hijo prodigo y el egreso a los valores
No todas las parábolas conservan una vigencia como la del hijo pródigo. El hijo menor reclama anticipadamente la herencia, abandona la casa paterna y parte convencido de que la libertad consiste en vivir sin restricciones. Quiere independencia sin normas, consejos ni responsabilidades y cree haberla encontrado, pero termina descubriendo que toda libertad tiene consecuencias.
No es difícil encontrar paralelos con nuestro tiempo: insistimos en los derechos, pero se eluden los deberes; reivindicamos la libertad, pero se eluden los límites éticos necesarios para ejercerla.
El resultado es evidente: la corrupción se justifica como astucia; la mentira se disfraza de estrategia; los principios se acomodan a las conveniencias y deja de importar si son correctos cuando resultan útiles.
Por eso la crisis no se explica desde la economía o la política. Detrás de las dificultades existe algo más profundo: la pérdida de referentes morales y desaparecen los acuerdos sobre la verdad y el bien común.
La parábola propone una reflexión que trasciende la fe. El hijo pródigo toca fondo cuando comprende que se ha alejado de lo que daba sentido a su vida y decide regresar. Ese retorno no es una derrota, es un acto de lucidez. Reconocer el error exige más valentía que persistir en él y, esa, es la enseñanza más profunda del relato evangélico.
Las naciones, al igual que las personas, pueden equivocarse de camino, pero también pueden rectificar. Ninguna sociedad está condenada a permanecer indefinidamente en la crisis si conserva la capacidad de examinar, corregir y recuperar los valores que hicieron posible la convivencia.
La fuerza de esta parábola radica en que no termina con el fracaso del hijo, sino con su reconciliación. En tiempos marcados por la polarización, el desencanto y la desconfianza, conviene recordar su mensaje: siempre existe la posibilidad de regresar a los principios perdidos, porque no consiste en avanzar, sino en hacerlo correctamente y, la decisión más sabia, es encontrar el camino de regreso.
Esta es la razón por la cual queremos felicitar al gobierno de Abelardo de la Espriella que, en menos de noventa días y pese a las enormes dificultades heredadas está contribuyendo a que Colombia retome al camino correcto.
El Rincón de Dios
“Volver a Dios no es una derrota, es la oportunidad de comenzar de nuevo. El abrazo del padre al hijo prodigo nos recuerda que nuestros errores no agotan su misericordia: reconocerlos y dar el primer paso de regreso abre un camino de reconciliación”. Anónimo