La paradoja del rechazo presidencial
Es contradictorio que quien fue elegido en un proceso electoral que en ese momento consideraba legítimo, ahora insista en negar los resultados de la primera vuelta manipulando la confianza en las instituciones y revelando una peligrosa incoherencia: cuando lo favorece, es válido, pero si desfavorece a su “heredero” es objeto de sospecha.
El rechazo a los resultados electorales no es un gesto aislado, se venía preparando la estrategia de perpetuarse en el poder afectando la estabilidad democrática y, quienes depositamos la confianza en las urnas, enfrentamos un mensaje devastador, el voto solo cuenta si respalda al poder establecido y esta lógica perversa convierte la democracia en un juego de conveniencia que mina la legitimidad del gobierno, estrategia calcada de Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Estados Unidos, la OEA, la ONU y la Comunidad Europea han expresado su respaldo a la validez de los comicios, han felicitado el trabajo ejemplar del registrador y han enviado una señal clara de que la comunidad internacional observa con atención y no tolerará intentos de deslegitimar la voluntad popular, Colombia tampoco permitirá que le roben las elecciones; no cabe duda, la Registraduría desbarató los argumentos del gobierno.
La democracia se basa en reglas claras y en la aceptación de la voluntad popular aunque sea incomoda, rechazar los resultados porque no favorecen al candidato del gobernante es un acto de soberbia, pone los intereses personales por encima del bien común y abre la puerta a la polarización. Respetarla radica en que el poder tiene límites, que las elecciones son el mecanismo legítimo para decidir el rumbo de la nación y, que ningún gobernante, puede estar por encima de la voluntad popular ni de las instituciones.
Diferente es pretender entregar el país a un modelo ideológico mundialmente fracasado donde se desacreditan los contrapesos, se debilita la separación de poderes, se sataniza la empresa privada, se busca perpetuar un proyecto político sobre de la libertad, se violan normas de participación en política y se programan encuentros cuando la Constitución los prohíbe. La democracia se sostiene en la ley; el autoritarismo ideológico, en cambio, se alimenta de la obediencia, como en el caso de uso de la camiseta de la Selección Colombia por uno de los candidatos; la dependencia absoluta del Estado; la concentración del poder, y la negación de la crítica.
¡Compatriotas, el 21 de junio los invitamos a ponerle la raya a El Tigre! ¿No le gusta?, solo tiene dos opciones: votar por Colombia o entregarle la patria al comunismo, su voto decide qué país prefiere.
El Rincón de Dios
“Pidámosle al Señor ser constructores de paz, que allá donde halla odio y disentimiento pongamos amor y misericordia.” Tomado de la hojita parroquial.