Los jubilados, en el olvido
Cuando se hacen ajustes fiscales responsables se basan en una verdad elemental: no se puede gastar más de lo que serecauda. La sostenibilidad fiscal es necesaria para evitar una crisis profunda; pero se omite en las medidas para el rescate apoyar a quienes trabajaron toda una vida para jubilarse.
Son víctimas de una fórmula que parece justa en el papel: las pensiones aumentan anualmente por el IPC para conservar, en teoría, su poder adquisitivo. En la práctica, la inflación es estadística y los gastos se pagan con plata. Como el salario mínimo se fija por encima del IPC, los ingresos de miles de pensionados quedan rezagados. Esa distancia no es solo una comparación entre cifras: para el jubilado significa que su pensión pierde terreno frente a los ingresos que sirven de referencia cotidiana.
La tranquilidad prometida al terminar la vida laboral puede convertirse en una preocupación constante. Quien se pensionó años atrás recibe un aumento anual que supuestamente lo mantiene a flote ante la inflación, pero ve deteriorarse sus ingresos y alejarse el bienestar que tenía al retirarse. Ese desgaste es lento y casi invisible; advertirlo no es reclamar privilegios.
El IPC además no refleja la realidad de los adultos mayores: su canasta no es la de los jóvenes; se concentra en gastos en medicamentos, tratamientos médicos, seguros, administración y servicios públicos que aumentan por encima de la inflación, erosionando sus ingresos.
Lo inquietante es que no se normaliza esta situación. Se celebra que el salario mínimo supere la inflación mientras se estima que los jubilados recibieron el incremento legal. Legal, sí, suficiente, no, porque no resuelve el deterioro de su nivel de vida.
El costo humano también debe entrar en el balance de las cuentas públicas. Quienes construyeron su ahorro pensional durante décadas no deberían resignarse a perder bienestar por cumplir con el reajuste desigual previsto. No se cuestiona la necesidad de ordenar las finanzas, sino que el ajuste por el IPC se crea que da por resuelto el problema.
Una sociedad responsable no debe medir solamente la salud de sus cuentas nacionales, también cómo trata a quienes trabajaron toda una vida para construirla. La disciplina fiscal no debería hacer invisible ese sacrificio. Hoy, los jubilados dependientes de Colpensiones tienen razones para sentirse olvidados.
El Rincón de Dios
“No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares”. Salmos 71:9.