La Mojana
Finalizo mis propuestas sobre el agro; esta vez, dirigidas a los pequeños y medianos agricultores de La Mojana abandonados a su propia suerte. En esta región, cada creciente del río arrasa los cultivos y el gobierno de turno vuelve a prometer una “solución definitiva”; entre tanto, los agricultores no tienen más alternativa que sembrar de nuevo lo que perdieron el año anterior, la inundación se les llevó la cosecha entera.
La hidroponía podría convertirse en una alternativa viable para los pequeños y medianos agricultores de La Mojana. No se trata de importar modelos complejos ni costosos, como los robotizados de China, sino de adaptar esta tecnología a las condiciones locales mediante estructuras elevadas, sistemas cerrados y producción continua cuando el nivel del agua sube.
Si el agua se queda la agricultura debe estar por encima, la hidroponía a uno y medio o dos metros de altura, protegida, con recirculación y energía solar, sin sistemas frágiles o improvisados, pero asequibles, puede ser una solución apropiada.
Mientras la inundación arruina la agricultura tradicional, la hidroponía sigue funcionando porque cuando el suelo se convierte en una esponja las otras plantas permanecen en un lugar optimo y, cuando los cultivos convencionales se pudren, las hortalizas hidropónicas completan su ciclo productivo.
El agua debe gestionarse, y La Mojana tiene demasiada en los periodos invernales como para seguir cultivando como si no la tuviera.
El obstáculo es cultural: la hidroponía exige aceptar que la agricultura ya no depende del suelo, sino del control; que el agricultor debe confiar en sensores en lugar del calendario y, que el Estado, envés de invertir en diques que se rompen empiece a financiar infraestructura que produce en medio del desastre.
La Mojana debería ser el primer territorio en demostrar que la inundación no es una condena sino una condición que puede administrarse y podría convertirse en un laboratorio nacional de agricultura protegida. Dejemos atrás la narrativa de la tragedia adoptando tecnología vigente y probada con éxito en otros países.
Esta propuesta no pretende ser una solución única, es una alternativa dentro de las inmensas posibilidades que ofrece el sector agropecuario cuando innovar deja de ser un mito.
En territorios como La Mojana, el futuro no depende de una sola tecnología, sino de la capacidad de articular elementos clave: el conocimiento local de los agricultores; la infraestructura adecuada para enfrentar las inundaciones; la sostenibilidad como criterio de producción; la asistencia técnica y financiera; y nuevas formas de cultivar que conviertan las limitaciones en oportunidades de desarrollo rural.
El Rincón de Dios
“El que siembra con lágrimas, cosechará con alegría”. Salmo 126, 5