¿Este el perfil que Colombia necesita para salir de la crisis?
En la fauna política nacional existe un espécimen fascinante: Cepeda, el político profesional que ha vivido tantos años del Estado que podría pedir pensión por antigüedad, aunque jamás ha administrado ni una fotocopiadora. Es un fenómeno digno de estudio, vive del presupuesto público, respira burocracia y se alimenta de discursos, pero no ha tenido contacto con la difícil tarea de gestionar algo que produzca resultados.
Su hoja de vida es impecable… siempre y cuando uno no busque experiencia gerencial. Ahí el documento es desértico: ni una alcaldía, una secretaría, una dirección técnica, ni nada donde haya tenido que responder por indicadores, metas o presupuestos. Su mayor logro administrativo ha sido firmar la asistencia a las sesiones del Congreso.
Eso sí, en el arte de la narrativa política es un maestro. Ha construido una imagen de defensor, de opositor, de vigilante moral del país. Ha estado en marchas, audiencias, debates, foros, conversatorios y ruedas de prensa. Ha opinado, sobre todo. Ha denunciado todo. Ha criticado todo. Pero gobernar, lo que se dice gobernar, jamás.
Y ahora, en plena crisis nacional, cuando el país necesita gestores capaces de tomar decisiones difíciles, aparece como opción “natural” para liderar. Como si la simple acumulación de años en el Congreso, perseguir sin cuartel al presidente Uribe, su formación académica y comunista detrás de la cortina de hierro y su pertenencia a las Farc que aparece en los computadores y memorias de ‘Raül Reye’ que Interpol y los Estados Unidos aseguran que no fueron manipulados, fuese equivalente a un doctorado en administración pública. Como si la militancia fuese experiencia ejecutiva. Como si hablar de paz o justicia fuera lo mismo que manejar un presupuesto deficitario o un sistema de salud colapsado.
El país está incendiado, pero algunos creen que la solución es entregar el extintor a quien nunca ha apagado ni una vela. Es un acto de fe admirable confiar en que alguien sin experiencia gerencial podrá dirigir un Estado que exige decisiones rápidas, técnicas y medibles.
La política colombiana arrastra numerosos problemas y, quizá el más grave, sea esa tendencia a equiparar años de presencia con competencia, y palabras grandilocuentes con gestión. El país no necesita más especialistas en oratoria; necesita administradores eficaces, ejecutores, personas que comprendan que gobernar va mucho más allá de los discursos y que no se trata simplemente de un poema.
El Rincón de Dios
“Por sus frutos los conoceréis.” Mateo 7:16
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